jueves, 12 de noviembre de 2015

Donde se come, a veces se chapa.

Lo supusimos cuando nos conocimos. Lo intuíamos mientras trabajábamos. Los favores, las sonrisas, las bromas y las confidencias confundían un poco la situación, pero los dos, y todo el resto sabían que está relación iba a terminar a los besos.
Un asado vegetariano de sábado fue el encuentro, una botella de campari el impulso, y una amiga que me dijo "Anda, yo te guardo el secreto" fueron los ingredientes para que el Lunes nos miremos con cara de qué buenos besos.
Definitivamente fueron calientes, apasionantes, e inolvidables. No sé si fue el campari, las verduras, o el humo verde, sólo sabemos que cada vez que nos miramos en el trabajo de eso nos acordamos, vividamente.
Los mensajes con la intención de repetir la situación fluyen de lunes a viernes, pero nada en concreto.













"Vamos viendo" fue la frase que cerró el trato.



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