miércoles, 13 de mayo de 2015

Beso Vegano

No se por donde empezar. Por el principio, si.
Hace dos semanas, cuando lo vi, lo señale y dije ese. De repente si, de repente no, de repente nada. Viaje, Inglaterra, vuelta. La excusa previa, el Candy Crush
La noche, esa noche, yo sabía que no iba a ser perfecta, de hecho fue mejor de lo que prometía. Me faltaba mi pierna, mi armadora, mi jugadora principal, a falta de eso una suplente con los cojones suficientes como para poner el apoyo -de voley, hoy no hablo-
"¿Vamos a desayunar?" La misma frase, con menos participantes. Él, yo, y un lugar nefasto lleno de gente con el bajón más grande del mundo. Chau, vayamos allá, las oreos también son veganas. 
Charlas, risas, muchas risas, anécdotas, hermanos, amigos, miles de historias, solo dos personas. Al auto, al beso inesperado que esperaba, al barrio, a la casa, a la puerta, a la cama.
No pasó nada, pasó todo. "Yo soy diferente", dijo, en ese momento había que creerle, ahora hay que dudar.
Los días pasaron, los besos se desvanecieron y a las palabras se las lleva el viento. 
Recordar, nada más.



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